Y así llegó el día tan esperado, llegó el mayo del año 2008. Mi corazón, que había dejado de latir dos años y medio antes, aún estaba parado (se había cansado de latir). Aquel preciso instante en el que alcancé el objetivo que tanto me había animado mi padre, me dejó un sabor agradable. ¿Quién dijo que los hombres no lloran? Mentira. Es una forma de expresar los sentimientos, aunque por otra parte no pude llorar aquel gris noviembre del año 2005, quizá porque el dolor, a la vez que paró en seco mi corazón, también paró el resto de órganos, incluidos los ojos que fueron incapaces de llorar. Ese mayo, el cielo se volvió alegre, y cansado, rendido del sueño, por fin pude ver a mis seres queridos festejándolo.
Ese día el cielo se volvió alegre, y volví a escuchar mi nombre cariñoso que no se había pronunciado jamás por ninguna otra persona desde hace dos años y medio. De madrugada, escuché “Chuchu Lindo, prenda de niño, orgullo de tu padre”. Por fin, volvía a ser Chuchu Lindo; por fin me volvían a llamar por ese nombre. Me giré en sueños y estaba allí mirándome. Esta vez no podía abrazarle en persona. No estaba sólo, también estaba mi amigo Juan, y de repente, corriendo por el suelo, el ladrido de mi perra, Negrita, inconfundible, por haberlo escuchado en el pasado durante tantos años, que se tumbaba panza arriba para que le rascase la barriguita. Aunque todo ocurriese en sueños, realmente creo que mi primera noche como especialista, creo que la viví con ellos, y que me invitaron a su fiesta; a una fiesta que me tenían preparada en secreto No sé si el inconsciente de Freud o todo aquello que aprendí de la psicología y psiquiatría médica durante mis estudios sería verdad; si aquello era una forma de aflorar los deseos reprimidos de mi inconsciente. Pero fue un momento mágico, y seguro que Freud no tenia nada que ver. Era la fiesta sorpresa que me tenían preparada.
Así fue mi primera noche como alergólogo, y de regreso a la tierra (recordemos que la viví en el cielo), me encontré que salvo mi madre, no tenía a nadie a quién abrazar. Todos mis grandes amigos estaban dispersos por la geografía española (aquellos que dejé en Córdoba). Necesitaba alguien que pusiese de nuevo en funcionamiento mi corazón.
Mi corazón estaba deseoso de volver a latir, pero las circunstancias se lo impedían. De repente, me di cuenta que otros órganos habían puesto de nuevo su particular maquinaria, la homeostasis del organismo querían comenzarla ellos, ya que si el corazón estaba todavía en las manos opresoras, ellos realizarían el levantamiento desde la pequeña posición que les tocase. Y así fue, los ojos que tan secos y dormidos habían estado, comenzaron a bañarse en las lágrimas. Las lágrimas habían vuelto a funcionar y estaban regando la tierra para que volviesen a brotar las plantas, los animales, y con ello dar comienzo a un nuevo ciclo. Si el primer día se creó la luz, y con ello el día de la noche, intuía o al menos quería que la noche acabase; la luz del nuevo día se abría paso. No tuve que esperar al segundo día de la creación para que el agua (o las lágrimas) regasen los campos de la tierra (acababa de regresar del cielo y ví tomando ejemplo de lo que allí había). La particular marcha sobre el corazón y hacerlo despertar de su largo letargo había comenzado por los ojos. Al poco tiempo el cerebro se dio cuenta del cambio. Él, que ha sido mi gran aliado durante toda la vida, y que casi había ocupado el gobierno regente del corazón durante estos años, dando todo lo que de él dependía para que en un futuro, alguien que estaba en la niñez, tomase posesión del trono para el cual había nacido. Él, que me hizo caminar por la oscuridad refugiándome en las frías noches de la medicina (aquellas noches donde miraba la pequeña pantalla del móvil con aquella fotografía de mis padres abrazados, mientras sonaba la canción “Color Esperanza”). Él, fue el primero que secundó la propuesta de los ojos. Poco a poco va comenzando la revolución, es el día que comienza el alzamiento popular. Todos estamos esperando que el corazón abandone la niñez, que ocupe el trono que le pertenece por cuanto es, y que sabiamente ha sido guardado durante estos años. No obstante, el corazón sigue latiendo lentamente, y aunque todos queremos que lata con más y más fuerza, que tome el control, de momento no da señales. ¡Mi querido corazón, no te preocupes, todos vamos a poner la parte que nos toque para que seas quien debes ser! Con calma, el resto te esperamos, necesitas el pequeño empujoncito, necesitas una pequeña descarga. No tienes nadie que te abrace, aunque tienes y has descubierto a personas maravillosas que podrían darte la fuerza suficiente para latir de nuevo con fuerza. Pero mi pobre corazón, eres listo, y eso lo aprendiste del regente cerebro. Sabes que hay una persona que destaca más que el resto, algo que la hace especial. No tengas miedo, apóyate en nosotros.
Cuando apenas habían transcurrido día y medio del pitido final, alguien me pidió que escribiese algo, y en ese momento “no fui capaz”. Ahora, algo más descansado, he escrito esto.