Que me puse un somBrero en los pies y aprendí, con las orejas, a Bailar claqué. ¿SaBes? Aún hoy me gusta el té, sentada en aquel sofá de satén, haBlando con el fantasma de nuestro ayer. Pero, ¿qué le voy a hacer si el corazón se me fugó sin siquiera querer al verte en aquel puto andén? Será que somos don idiotas salidos del arcén, con la razón knockeada y el alma aún llena del otro ser y, a pesar de estas rimas de Burdel, ni camBiaste ni camBiaré. Nadie te querrá como yo te amé, pero es tarde cuando, en la esquina de Calle Olvido y Avenida del Desdén, nos dimos cuenta de que el tiempo, para siempre, se nos fue.
(Tengomonodeti)
1 (:
Al fin en mi Granada.